Hugh Jackman da vida a un Robin Hood oscuro y crepuscular que llega el 20 de agosto
El 20 de agosto de 2026 llega a las salas argentinas La muerte de Robin Hood, una producción de A24 que propone la versión más oscura del personaje que el cine haya entregado. La dirige Michael Sarnoski —el mismo realizador de Pig y A Quiet Place: Day One— y la protagoniza Hugh Jackman.
La historia se ubica en 1247, en un bosque de una Inglaterra que ya no reconoce al forajido que alguna vez amedrentó al Sheriff de Nottingham. Robin Hood tiene 57 años y los muestra: cuerpo gastado, culpa acumulada y ninguna ilusión. No roba para dar a los pobres; sobrevive mientras busca alguna forma de redención en un priorato. La película no romantiza al personaje: lo descompone.
Sarnoski dejó en claro desde el inicio que su referencia no era Kevin Costner ni Russell Crowe, sino las baladas medievales originales del siglo XVII y el cine de Ingmar Bergman. Esa decisión marca el tono: más contemplativo que espectacular, más psicológico que de acción.
El elenco completa el cuadro. Bill Skarsgård interpreta a Juan el Pequeño, Jodie Comer encarna a la Hermana Brígida, y los acompañan Murray Bartlett y Noah Jupe.
Jackman describió el rodaje como lo más difícil de su carrera. Las secuencias de combate se filmaron de noche, en barro, con temperaturas bajas y con una armadura que pesaba 90 kilogramos. El físico que demostró durante años como Wolverine no fue garantía de que este trabajo fuera más sencillo: fue, según sus propias palabras, el más exigente que enfrentó.
La crítica especializada recibió el film con mesura. En Rotten Tomatoes acumula un 66% de aprobación sobre 125 reseñas. Los que la defienden destacan su propuesta crepuscular y la complejidad psicológica de un protagonista que ya no puede ser un héroe. Los que la cuestionan señalan que la lentitud puede alejar al público acostumbrado al entretenimiento de acción medieval convencional.
A24 construyó en los últimos años una reputación basada en apuestas formales que no siempre priorizan el rendimiento de taquilla sobre la singularidad del relato. La muerte de Robin Hood encaja en ese perfil: no es una película para todos, pero tampoco quiere serlo.
¿Puede una versión tan despojada de un mito clásico encontrar su público en las salas argentinas?