La gota eleva el riesgo cardíaco y controlarse reduce infartos en un 9%
La gota se produce cuando el organismo acumula demasiado ácido úrico. Ese exceso forma cristales en las articulaciones y desencadena episodios de dolor intenso, hinchazón y enrojecimiento, sobre todo en el dedo gordo del pie, aunque también en tobillos y rodillas. Los ataques suelen ser repentinos y pueden durar días.
Lo que muchas personas desconocen es que el problema no termina ahí. Quienes tienen gota también presentan mayor probabilidad de desarrollar enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y alteraciones del ritmo cardíaco. El vínculo se explica, en parte, por la inflamación: durante un ataque, el sistema inmunitario reacciona con fuerza ante los cristales de ácido úrico. Fuera de las crisis, esa actividad inflamatoria puede mantenerse en niveles bajos pero persistentes, lo que deteriora el revestimiento interno de los vasos sanguíneos y favorece la acumulación de placa grasa en las arterias.
A eso se suman factores compartidos: muchas personas con gota también tienen obesidad, diabetes o hipertensión arterial, condiciones que por sí solas incrementan el riesgo cardiovascular.
Un estudio publicado en marzo de 2026 en JAMA Internal Medicine aportó evidencia concreta. Las personas con gota que redujeron su ácido úrico en sangre a menos de 6 mg/dL mediante medicación tuvieron un 9% menos de probabilidades de sufrir un infarto, un accidente cerebrovascular o morir por una causa cardíaca en los cinco años siguientes. El hallazgo sugiere que controlar bien el ácido úrico puede proteger el corazón, no solo las articulaciones.
El Dr. Robert Shmerling, exjefe clínico de la División de Reumatología del Centro Médico Beth Israel Deaconess, señaló que lo que es bueno para controlar la gota suele ser también favorable para el corazón, especialmente en materia de alimentación y hábitos cotidianos.
En cuanto al tratamiento, existen dos estrategias principales. La primera apunta a aliviar los síntomas durante una crisis aguda: antiinflamatorios como ibuprofeno o naproxeno, colchicina y corticosteroides. La segunda busca prevenir nuevos ataques reduciendo el ácido úrico circulante; para eso se usan alopurinol y febuxostat, indicados en casos severos o cuando los episodios se repiten dos o más veces por año.
El manejo médico se complementa con cambios de hábitos. La dieta mediterránea y el plan DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) mostraron ser útiles para reducir el ácido úrico y proteger el sistema cardiovascular al mismo tiempo. Ambos patrones priorizan verduras, frutas, cereales integrales, aceite de oliva, lácteos descremados, pescado, legumbres y frutos secos, y limitan la carne roja y los azúcares agregados.
La actividad física también juega un papel central. La recomendación es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (caminata rápida, bicicleta) y sumar rutinas de fuerza al menos dos veces por semana. Esa combinación mejora el peso corporal, la presión arterial y la sensibilidad a la insulina.
Quien tenga gota debería conversar con su médico no solo sobre el dolor articular, sino también sobre su riesgo cardiovascular y el control de presión, glucosa y colesterol.
¿Usted o alguien cercano convive con gota? ¿Sabía que el impacto va más allá de las articulaciones?
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