Hugh Jackman encarna a un Robin Hood envejecido que busca redención
La nueva película sobre Robin Hood no tiene nada que ver con los bosques de Sherwood, la justicia popular ni el espíritu de aventura que definieron al personaje durante décadas. La propuesta de Michael Sarnoski, director conocido por "Pig", va en sentido opuesto: toma al célebre forajido medieval y lo coloca en el tramo final de su vida, cargado de culpa y sin rastro de heroísmo.
Hugh Jackman interpreta a un Robin Hood viejo, solitario y violento, que desde el primer plano admite que su historia nunca tuvo motivaciones altruistas. Robó, mató y destruyó por voluntad propia, sin intención de beneficiar a nadie. Esa confesión temprana marca el tono de todo lo que sigue.
El punto de partida de la trama es el pedido de socorro de su antiguo compañero Little John, interpretado por Bill Skarsgård, cuya familia enfrenta amenazas y despojo de tierras. Robin acude, y el primer tramo de la película acumula escenas de combate cuerpo a cuerpo de una brutalidad descarnada: cuchillos, hachas, piedras y antorchas, sin ninguna épica de por medio.
Pasado ese bloque inicial, el ritmo cambia por completo. La película se abre hacia la introspección. Robin llega a un convento alejado, donde convive con otros personajes golpeados por la vida y donde Jodie Comer encarna a la mujer que conduce ese refugio. Allí el relato se vuelve lento, paciente y cada vez más orientado hacia lo espiritual.
La fotografía de interiores trabaja con luz de vela y tonalidades ocres que le dan a cada escena una textura casi pictórica. Las locaciones rurales irlandesas completan una atmósfera que prioriza la contemplación por sobre la acción. La música, compuesta e interpretada con instrumentos tradicionales por el músico irlandés Jim Ghedi, acompaña ese clima de lamento y expiación.
El resultado es una película que exige al espectador soltar cualquier expectativa ligada a versiones anteriores del personaje, desde el clásico animado de Disney hasta las adaptaciones de los noventa. A cambio, ofrece un retrato humano y sin concesiones de alguien que llega al final de su camino con la lucidez suficiente para intentar un último acto distinto a todo lo anterior.
¿Qué otras figuras míticas de la cultura popular merecerían una revisión tan radical como esta? Dejá tu opinión en los comentarios.
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