Por qué la grasa abdominal no cede aunque se haga ejercicio y se cuide la alimentación
Muchas personas que ajustan su dieta y suman actividad física notan avances generales pero no ven cambios rápidos en el abdomen. Esa experiencia tiene una explicación fisiológica: el cuerpo no elige de qué zona toma la grasa que necesita como energía. La zona abdominal acumula dos tipos de tejido adiposo: el subcutáneo, justo debajo de la piel, y el visceral, que rodea los órganos internos y se asocia a mayores riesgos para la salud cardiovascular y metabólica.
Los ejercicios localizados, como los abdominales, fortalecen la musculatura, mejoran la postura y aportan tonicidad. Sin embargo, no determinan de qué parte del cuerpo se pierde grasa. Por eso es posible que alguien gane firmeza en la zona media sin ver una reducción visible del volumen abdominal. La acumulación de grasa visceral depende de variables como la edad, la carga genética y los patrones hormonales individuales, lo que explica por qué dos personas con rutinas similares pueden registrar cambios distintos.
El descanso es otro factor que incide directamente. Un estudio de Mayo Clinic encontró que restringir el sueño se asoció con un aumento del 9% en el área adiposa total del abdomen y del 11% en la grasa visceral, respecto de condiciones controladas. Además, dormir menos altera los mecanismos del hambre y la saciedad, lo que dificulta sostener cualquier estrategia alimentaria en el tiempo.
Un estudio publicado en JAMA Network Open, que siguió a más de 7.000 adultos durante un promedio de 7,2 años, encontró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física, cuando ocurren al mismo tiempo, se asocian con menor acumulación de grasa visceral. El grupo con mayores mejoras conjuntas presentó 149 gramos menos de grasa visceral al final del seguimiento.
La orientación que surge de la evidencia apunta a estrategias que articulan alimentación, movimiento y descanso de forma sostenida. Medir el progreso solo por el espejo puede distorsionar la evaluación: la evolución de la fuerza, la continuidad de los hábitos y los cambios en la circunferencia de cintura ofrecen una lectura más completa del proceso.
¿Tenés algún hábito que hayas sumado o cambiado para mejorar tu composición corporal? Contanos en los comentarios.
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