Propofol, sexo y un testimonio que sacude la causa contra "Fini" Lanusse

Una declaración incorporó una hipótesis explosiva en la investigación contra Delfina "Fini" Lanusse y Hernán Boveri. Qué dijo la testigo, qué discute la defensa y por qué el caso sigue sumando tensión judicial.
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La causa que investiga a Delfina “Fini” Lanusse y a Hernán Boveri, ambos vinculados al Hospital Italiano, sumó en las últimas horas un testimonio que reconfiguró el eje de la discusión judicial. En el expediente apareció una versión que, según consta en la declaración de una médica del mismo ámbito, vincula el uso de propofol con encuentros íntimos entre los imputados. La hipótesis no surge como un hecho probado, sino como una afirmación incorporada al proceso y luego discutida con dureza por las defensas, que cuestionan tanto el origen como la solidez de esos dichos.

De acuerdo con la información incorporada al expediente y citada por las partes, una médica identificada como N. relató que otra colega, S., le habría comentado que Lanusse mantenía una relación con Boveri desde hacía alrededor de tres años y que, en ese contexto, el anestesiólogo concurría a su domicilio, le colocaba un BIS y le administraba propofol. El fragmento del testimonio, que fue mencionado en la apelación presentada por la defensa de Boveri, abrió una línea de análisis inesperada dentro de una investigación que originalmente se concentraba en el presunto retiro irregular de anestesia y equipos médicos del hospital durante un período prolongado.

El punto central de esa referencia es el BIS, el índice biespectral, un sistema de monitoreo que se usa para medir la profundidad de la anestesia mediante una vincha de electrodos conectada a un monitor. En términos prácticos, se trata de una herramienta destinada a seguir el estado cerebral del paciente y evitar una sedación excesiva. En el caso que investiga la Justicia, la mención del dispositivo cobra relevancia porque, según la declaración, habría sido utilizado fuera del ámbito hospitalario. Ese detalle, sin embargo, es uno de los más controvertidos del expediente y forma parte de las afirmaciones que deben ser valoradas dentro del marco probatorio, sin que ello implique dar por acreditada la versión de los hechos.

La médica S. también declaró en la causa y fue considerada por el juez Javier Sánchez Sarmiento como un testimonio relevante. En la resolución de procesamiento se la describió como amiga y compañera de residencia de la acusada, y se le atribuyó haber aportado datos sobre episodios ocurridos en el domicilio de Lanusse, donde supuestamente habrían aparecido elementos de uso hospitalario, entre ellos vinchas BIS. Siempre según el expediente, la misma testigo habría afirmado que Lanusse le comentó haber mantenido relaciones íntimas con Boveri y que ajustaba guardias para coincidir con él. Incluso se consignó que, en ese contexto, habrían usado propofol y otras sustancias, como ketamina.

La defensa de Lanusse rechazó con fuerza esa reconstrucción. En su indagatoria, la anestesióloga atacó la credibilidad de la médica S. y planteó que existían presuntos problemas psiquiátricos familiares que, a su criterio, podían influir en su relato. Por su parte, Boveri sostuvo que su vínculo con Lanusse fue “una relación sentimental consensuada” y apeló el procesamiento. Sus abogados afirmaron que la acusación se apoya en “testigos de oídas” y calificaron a S. como la “verdadera usina narrativa de la imputación”. También remarcaron que, hasta el momento, el Hospital Italiano informó que no hubo faltantes de propofol, ni diferencias de inventario, ni irregularidades en los registros de stock.

El juez, no obstante, relativizó ese argumento al señalar que, aunque el hospital no detectó faltantes, los protocolos aportados a la instrucción permitirían advertir vulnerabilidades en el circuito interno que habrían facilitado un retiro indebido de medicamentos. Esa mirada mantiene viva la discusión sobre cómo pudo operar el supuesto desvío de anestesia y qué grado de control existía realmente dentro del nosocomio. En paralelo, la causa sigue avanzando en instancia judicial y la resolución sobre la apelación de Boveri quedó prevista para una audiencia ante la Cámara Criminal y Correccional.

Más allá del impacto mediático de la hipótesis sobre propofol y sexo, el caso continúa atravesado por una disputa probatoria y jurídica de alta sensibilidad. En el expediente conviven testimonios, objeciones de la defensa, análisis sobre inventarios y discusiones técnicas sobre el uso de anestésicos. Como ocurre en toda investigación en trámite, serán los tribunales los que deberán determinar qué elementos tienen valor suficiente y cuáles no alcanzan para sostener una acusación. ¿Cómo interpreta usted este nuevo giro en una causa que sigue generando interrogantes y versiones contrapuestas?
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