Puchero, el perro que patrulla Neuquén junto a los bicipolicías
Sobre el torso lleva un chaleco impermeable con la leyenda "No me lo robes... yo también tengo frío", cosido por integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén. Cuando Puchero camina junto a los bicipolicías por las calles de la ciudad, muchos transeúntes asumen que busca hogar. No es así: el perro tiene cama fija, vacunas al día y más de una década de patrulla encima.
Su base de operaciones es la Comisaría Primera, en la esquina de Ministro González y Mendoza, pero su radio de movimiento es amplio. Cubre la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda. Algunos días aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro. Toda la fuerza lo reconoce, así que siempre tiene dónde descansar.
Los bicipolicías son quienes más tiempo comparten con él. Esa modalidad de patrullaje nació en el año 2000 por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, junto a un grupo de agentes de Cutral Co que comenzaron a cubrir el territorio en bicicleta. Puchero, que llegó años después, adoptó la rutina como propia. Cuando arranca el turno, ya está en la puerta.
"Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención", cuenta el agente Nemesio Lagos, con nueve años en la fuerza y conocido del perro desde su primer día de servicio. "Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado", agrega.
En la calle combina calma y atención. Con otros perros es indiferente; si alguno lo provoca, lo ignora. Ante una situación tensa en un procedimiento, ladra para alertar pero no escala. "Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso", describe la agente Aldana Campos, tres años en la seccional.
Campos estima que Puchero ronda los 12 años, quizás algo más. A pesar de la edad, los controles veterinarios están al día y come en los destacamentos gracias a los aportes del personal.
Hubo intentos de adoptarlo. Vecinos interesados se acercaron y más de un agente lo consideró, pero el perro nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume Campos. El agente Milton Cruz, siete años en servicio, también lo evaluó; las restricciones de los alquileres para mascotas de raza grande complicaron la idea.
Para los vecinos, cruzarse con Puchero en un paseo es un pequeño evento: algunos paran a acariciarlo, otros sacan el celular. ¿Qué hace que un perro elija quedarse en una comisaría cuando tuvo la opción de irse?
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