Casi 9 de cada 10 hogares neuquinos y rionegrinos debieron financiarse para llenar la heladera en septiembre
El informe del IETSE muestra que el fiado y las tarjetas lideraron los mecanismos para comprar comida, en un mes donde la inflación volvió a acelerarse y las ventas de alimentos en almacenes de barrio cayeron 8,3% interanual.
Casi nueve de cada diez familias relevadas en la región tuvieron que echar mano de algún mecanismo de financiamiento para comprar alimentos durante septiembre, según el Informe Económico y Social que elabora mensualmente el IETSE, el Instituto de Estudios sobre Trabajo, Economía y Sociedad, un centro de análisis regional con sede en la comarca petrolera. El 88,8% de los hogares reconoció haber recurrido al fiado en almacenes y despensas, a tarjetas de crédito o a préstamos personales para llegar a fin de mes con la heladera llena, y la radiografía que dejó el relevamiento muestra que esa práctica dejó de ser una excepción para convertirse en la regla en las chacras del Alto Valle, los barrios de Neuquén capital, Cipolletti y Roca.
Cómo se repartieron los mecanismos para pagar la comida
- Fiado en comercios de cercanía: 38,4% de los hogares.
- Tarjetas de crédito: 36,5%.
- Préstamos personales o de familiares: 13,9%.
- Resto de los hogares: no necesitó financiamiento o no respondió.
El fiado volvió a ser el recurso más extendido, con un 38,4% de los hogares que volvieron a golpear la puerta del almacenero de confianza para anotar la compra del mes. Le siguieron las tarjetas de crédito, con un 36,5%, y un 13,9% reconoció haber tomado un préstamo para llegar a fin de mes. Para dimensionar el esfuerzo, el estudio además preguntó cuánto podrían mantenerse los hogares sin percibir ingresos: el 61,3% contestó que resistiría menos de una semana y el 32,7%, entre una semana y un mes, una señal de lo corto que se estiró el colchón financiero de las familias de la zona.
La consecuencia más sensible se vio en la mesa. Apenas el 42,4% de los hogares declaró haber accedido a todos los alimentos que necesitaba, mientras que el 57,6% reconoció algún tipo de restricción. En las familias con chicos, el 28,6% admitió que algún niño, niña o adolescente comió menos durante septiembre por falta de dinero, y en el 39,1% de los hogares alguna persona adulta recortó sus propias porciones para que alcanzara para el resto. Son cifras que retratan el día a día de la producción frutícola del Alto Valle, donde la estacionalidad de la cosecha marca el ingreso y el mostrador del barrio marca el gasto, y donde el precio al productor suele no alcanzar para sostener la misma calidad de compra en el comercio de proximidad.
El cuadro se completó con dos datos de contexto. La inflación mensual fue del 2,1%, tres décimas por encima del 1,8% de agosto, lo que cortó la desaceleración de los meses previos y dejó una acumulada del 24% en 2026 y una interanual del 32,8%. La Canasta Básica Total, que es la línea de pobreza para un hogar de referencia, se ubicó en 2.076.505 pesos, y la Canasta Básica Alimentaria, que marca el umbral de indigencia, llegó a 1.130.236 pesos. En paralelo, las ventas de alimentos y bebidas medidas en volumen en los comercios minoristas de proximidad cayeron 8,3% interanual, un derrumbe que los almaceneros del valle atribuyen a la pérdida de poder de compra de los vecinos, incluidos los trabajadores golondrina que llegan a las chacras de manzana y pera en la temporada de cosecha.
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